Inhalación de hidrógeno molecular vs agua hidrogenada

Inhalación de hidrógeno vs. agua hidrogenada: ¿qué diferencias existen?

Si ya has leído sobre el hidrógeno molecular (H₂), sus posibles propiedades antioxidantes y las investigaciones relacionadas con el estrés oxidativo y la inflamación, seguramente te habrá surgido una pregunta:

¿Cómo puedo incorporarlo a mi organismo? ¿Es mejor beber agua hidrogenada o inhalar hidrógeno directamente?

Las dos opciones existen. De hecho, ambas se han utilizado en investigaciones científicas, incluyendo ensayos clínicos en humanos. Sin embargo, aunque hablamos exactamente de la misma molécula, la forma en que llega al organismo, las cantidades administradas y las condiciones de uso son muy diferentes.

Para beber agua hidrogenada existen generadores portátiles de agua hidrogenada que permiten prepararla en pocos minutos. La inhalación, en cambio, requiere equipos específicos capaces de producir y administrar hidrógeno gaseoso.

Vamos a entender cómo funcionan ambas vías, qué diferencias existen y qué nos dice realmente la investigación.

Inhalación de hidrógeno: qué es y cómo se aplica

inhalación de hidrogeno

En qué consiste

La inhalación de hidrógeno consiste en respirar hidrógeno en forma de gas, normalmente mediante una cánula nasal o una mascarilla. El gas llega directamente a los pulmones, atraviesa los alveolos, pasa a la sangre y desde ahí se distribuye por el organismo. Es una vía muy rápida y distinta de la del agua hidrogenada, que se absorbe por el aparato digestivo. Además, a diferencia del agua hidrogenada, que proporciona una cantidad limitada de H₂ con cada vaso, la inhalación permite mantener un aporte continuo de hidrógeno durante toda la sesión.

Cómo se consigue el hidrógeno para inhalar

Hay dos grandes grupos de equipos:

  • Equipos médicos: se usan en hospitales y centros de investigación. Suministran el hidrógeno de forma controlada, normalmente mezclado con aire u oxígeno a una concentración baja y definida, con sistemas de monitorización y seguridad. 

    Por ejemplo, en el ensayo japonés HYBRID II, realizado con pacientes que habían sufrido una parada cardíaca y presentaban riesgo de lesión cerebral por isquemia, se administró una mezcla con un 2 % de hidrógeno molecular durante 18 horas, mediante ventilación mecánica controlada.

  • Equipos comerciales:

    Destinados al uso doméstico o a centros de bienestar. Muchos generan hidrógeno mediante electrólisis del agua, utilizando tecnologías como PEM/SPE. Otros sistemas pueden emplear gas procedente de depósitos preparados para ese uso.

  • inhalación de gas de hidrógeno


Según el dispositivo, el gas generado puede ser:

  • Hidrógeno de alta pureza: algunos equipos producen H₂ con una pureza anunciada superior al 99,9 %, que después se administra mediante una cánula nasal y se mezcla con el aire que respira la persona.

  • Mezcla de hidrógeno y oxígeno: algunos generadores producen una mezcla aproximada de 66,7 % de H₂ y 33,3 % de O₂. Estas mezclas concentradas presentan importantes riesgos de inflamación y explosión.

  • Hidrógeno previamente diluido: sistemas que suministran una concentración final baja y controlada, como ocurre en determinados protocolos de investigación clínica.

Por tanto, la pureza del hidrógeno producido por una máquina no es necesariamente la concentración que realmente llega a nuestros pulmones.

Existen dispositivos que anuncian una pureza de H₂ superior al 99,9 %. Sin embargo, esto no significa que la persona respire exclusivamente hidrógeno: cuando se utiliza una cánula nasal, el gas se mezcla con el aire ambiental.

Riesgos y precauciones

El hidrógeno molecular no se considera químicamente tóxico por sí mismo, pero es un gas altamente inflamable.

En condiciones habituales, puede formar mezclas inflamables con el aire cuando su concentración se encuentra aproximadamente entre el 4 % y el 75 %.

Una fuga, una acumulación de gas y una fuente de ignición pueden provocar un incendio o una explosión. El riesgo es especialmente importante en determinados equipos que producen mezclas concentradas de hidrógeno y oxígeno.

Además, hablamos de un gas que introducimos directamente en nuestros pulmones. Por eso, también es fundamental garantizar que la mezcla respiratoria contenga suficiente oxígeno y no presente contaminantes peligrosos.

Antes de valorar un inhalador comercial deben comprobarse la fiabilidad del fabricante, la documentación técnica, la finalidad de uso, los sistemas de seguridad, el mantenimiento y el respaldo técnico.

Estos equipos pueden costar desde varios cientos hasta varios miles de euros. Sin embargo, un precio elevado o una pureza de hidrógeno anunciada del 99,9 % no garantizan por sí solos que una máquina sea segura para inhalación.

¿Cuánto hidrógeno recibimos al inhalarlo en comparación con un vaso de agua hidrogenada?

Aquí encontramos una de las diferencias más sorprendentes entre ambas vías.

Tomemos como ejemplo la maquina de agua hidrogenada UVEPEM de 210 ml que alcanza una concentración de 6,61 ppm. En esas condiciones, el agua contiene aproximadamente 1,4 mg de hidrógeno molecular.

Y cuánto hidrógeno podemos recibir mediante inhalación?

Para compararlo, imaginemos una persona que respira 6 litros de mezcla gaseosa por minuto, con una concentración real y constante del 2 % de H₂, similar a la utilizada en el ensayo hospitalario japonés.

En ese caso:

  • 1 minuto de inhalación: aproximadamente 10 mg de H₂ inspirados.

  • 10 minutos: aproximadamente 100 mg de H₂ inspirados.

  • 30 minutos: aproximadamente 300 mg de H₂ inspirados.

Esto significa que, en nuestro ejemplo teórico, durante 30 minutos de inhalación pasan por las vías respiratorias más de 200 veces los miligramos de hidrógeno contenidos en un vaso de UVEPEM.

Pero aquí debemos hacer una distinción fundamental: el hidrógeno generado por una máquina, el hidrógeno realmente inspirado y el que finalmente absorbe nuestro organismo no son necesariamente la misma cantidad.

Parte del gas producido puede perderse o mezclarse con el aire ambiental. No todo el hidrógeno inspirado alcanza los alvéolos y parte vuelve a eliminarse con la respiración.

Además, estas cifras son estimaciones teóricas, no mediciones reales de absorción en personas.

Con el agua hidrogenada sucede algo parecido: un vaso puede contener 1,4 mg de H₂, pero eso no significa que toda esa cantidad llegue a la sangre.

Lo que sí sabemos es que la inhalación puede proporcionar cantidades de hidrógeno considerablemente superiores y mantener una exposición más prolongada. Pero todavía no podemos afirmar que administrar más H₂ produzca beneficios proporcionalmente mayores.

¿Entonces es mejor inhalar hidrógeno que beber agua hidrogenada?

Después de comparar las cantidades, surge una pregunta lógica: si al inhalar podemos recibir mucho más hidrógeno, ¿significa que beber agua hidrogenada no sirve de nada?

No necesariamente.

Es cierto que la inhalación permite administrar cantidades considerablemente mayores de H₂ y mantener una exposición prolongada. Por eso, algunas de las investigaciones clínicas más interesantes, relacionadas con la parada cardíaca, las lesiones cerebrales por isquemia, determinadas enfermedades pulmonares e incluso el Alzheimer, han estudiado esta vía de administración.

Sin embargo, hablamos de investigaciones todavía en desarrollo. En los ensayos hospitalarios se utilizan sistemas especializados, concentraciones controladas y supervisión médica.

También existen inhaladores domésticos, pero muchos cuestan miles de euros y requieren importantes medidas de seguridad. No debemos olvidar que el hidrógeno gaseoso es altamente inflamable y que estamos introduciendo una mezcla de gases directamente en nuestros pulmones.

¿Y qué ocurre con el agua hidrogenada?

Aunque proporciona cantidades mucho menores de H₂, también existe investigación científica sobre su consumo. Algunos ensayos en humanos han observado resultados favorables en determinados marcadores de estrés oxidativo, capacidad antioxidante y respuesta inflamatoria, incluso utilizando dosis relativamente pequeñas de hidrógeno.

La evidencia todavía es preliminar y hacen falta estudios más amplios para confirmar su relevancia clínica. Tampoco podemos asumir que cualquier cantidad de agua hidrogenada produzca automáticamente esos efectos.

Pero el agua hidrogenada tiene una ventaja práctica importante: es mucho más sencilla de incorporar a la rutina diaria. Los generadores personales son portátiles, suelen ser más accesibles económicamente que los inhaladores especializados y no requieren manipular grandes cantidades de gas.

En definitiva, no se trata simplemente de elegir la vía que proporciona más hidrógeno.

La inhalación permite exposiciones mayores y se investiga en contextos clínicos específicos. El agua hidrogenada ofrece una forma más sencilla y cotidiana de consumir H₂, cuyo potencial antioxidante y antiinflamatorio también ha mostrado bueno resultados.

Son dos vías diferentes para administrar la misma molécula, y la ciencia todavía está investigando qué cantidades, formas de administración y aplicaciones pueden resultar más útiles.

Bibliografía: 

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