Si te has comprado o estas pensando en comprar una botella de agua hidrogenada, hay una pregunta que casi nadie se hace antes de comprar: ¿cuánto tiempo se mantiene realmente el hidrógeno en el agua?
La respuesta corta: poco tiempo. En condiciones normales de uso, el agua hidrogenada conviene beberla lo más cerca posible del momento en que se genera, porque el hidrógeno molecular (H₂) empieza a escapar progresivamente del agua desde que termina el ciclo.
El hidrógeno es la molécula más pequeña que existe
El hidrógeno molecular (H2) es una molécula extremadamente pequeña y ligera. Precisamente por su tamaño puede difundirse con gran facilidad a través de las membranas celulares, algo que no ocurre de la misma forma con otros antioxidante. Esa propiedad es exactamente el mismo motivo por el que no se queda quieto dentro de una botella de agua.
Cuando hablamos de agua hidrogenada no estamos hablando del hidrógeno que forma parte de la molécula de agua, H₂O.
Estamos hablando de hidrógeno molecular H₂ adicional que se encuentra disuelto físicamente en el agua.
Según la Ley de Henry, la cantidad de gas que puede permanecer disuelta en un líquido depende, entre otros factores, de la presión. Cuando abres el recipiente y el agua queda en contacto con el aire, cambian esas condiciones de equilibrio y el hidrógeno empieza a escapar del agua desde ese mismo momento. La pérdida comienza de inmediato y continúa de forma progresiva con el tiempo.
Entonces, ¿cuánto dura realmente el agua hidrogenada?
Aquí está probablemente la respuesta más importante de este artículo:
no existe un número de minutos u horas válido para todos los casos.
Los experimentos publicados muestran precisamente por qué.
En un estudio sobre agua con concentraciones muy elevadas de hidrógeno, el H₂ pudo mantenerse durante días mientras la botella permanecía completamente cerrada. Sin embargo, una vez abierta, la concentración empezó a disminuir significativamente durante las horas siguientes.
En uno de los experimentos preliminares del mismo trabajo, una muestra que tenía alrededor de 7 ppm llegó a medir aproximadamente 4,5 ppm una hora después de abrir el recipiente y 2,1 ppm después de tres horas. Es importante entender que estos datos corresponden a un sistema experimental concreto, con una concentración, recipiente y condiciones determinadas; no significan que cualquier agua hidrogenada vaya a perder exactamente esa cantidad en ese tiempo.
Precisamente esa variabilidad demuestra por qué no debemos afirmar que “el agua hidrogenada dura una hora”.
Lo correcto es hablar de una pérdida progresiva cuya velocidad depende de las condiciones de conservación.
¿Cuánto dura en cada tipo de envase?
El recipiente puede cambiar muchísimo la velocidad a la que se pierde el hidrógeno, pero no es posible asignar una duración exacta a cada material.
En un experimento publicado en Medical Gas Research, agua con aproximadamente 0,83 ppm de H₂ se almacenó en recipientes de distintos materiales. En los recipientes de vidrio y polietileno se había perdido aproximadamente la mitad del hidrógeno tras unas cuatro horas y quedaba muy poco después de doce. En cambio, los recipientes de aluminio y acero inoxidable mostraron una pérdida mucho menor durante ese mismo periodo.
Otro estudio obtuvo resultados diferentes con otras condiciones: una botella de plástico cerrada todavía conservaba parte del H₂ después de 24 horas, aunque perdía más que un recipiente de aluminio.
Esto demuestra algo importante: no existe una tabla universal que permita decir que el agua hidrogenada dura exactamente 20 minutos, una hora o seis horas.
Influyen el material del recipiente, el cierre, la cantidad de aire que queda dentro, la concentración inicial, la temperatura y las veces que abrimos el envase.
La regla práctica es mucho más sencilla: si acabas de generar agua hidrogenada y puedes beberla en ese momento, hacerlo pronto reduce la incertidumbre sobre cuánto H₂ sigue realmente disuelto.
Por qué existen los generadores de agua hidrogenada
Con estos datos sobre la mesa, la razón de ser de los generadores queda bastante clara: si el H₂ empieza a perderse progresivamente después de generarlo, tiene sentido producirlo lo más cerca posible del momento en que vamos a beber el agua. Para el uso cotidiano, una de las formas más sencillas y predecibles de consumir una concentración próxima a la recién generada es producir el H₂ poco antes de beber el agua.
Por eso la mayoría de generadores del mercado son:
- Portátiles, para poder generar y tomar el agua en el momento, estés donde estés.
- En formato jarra, pensados para preparar varios vasos y que toda la familia pueda beber su agua recién generada a lo largo del día, en lugar de depender de una sola botella individual.
En ambos casos, el principio es el mismo: electrolizas el agua, y la bebes en los minutos siguientes, mientras la concentración de hidrógeno todavía está cerca de su punto máximo. Cuanto más tiempo pase entre generar y beber, menor puede ser la cantidad de hidrógeno que siga realmente disuelta en el agua, aunque esta siga sabiendo y viéndose exactamente igual.
Generador de agua de hidrógeno UVEPEM, por ejemplo, trabaja con 210 ml, aproximadamente un vaso. Además, utiliza un sistema de sobrepresión controlada durante la generación, una de las soluciones técnicas empleadas para favorecer concentraciones elevadas de H₂. Su rendimiento fue analizado por H₂ Analytics, que registró una concentración media de 6,61 ppm en el ensayo de 10 minutos. Precisamente por eso, una vez terminado el ciclo, lo lógico es consumir esos 210 ml relativamente pronto en lugar de generar el agua para almacenarla durante horas.
La gran duda: ¿y el agua hidrogenada envasada?
Todo esto lleva a una pregunta bastante lógica: si el hidrógeno se va perdiendo con el tiempo, ¿qué ocurre con el agua hidrogenada que se fabrica, se envasa y puede pasar días o semanas almacenada antes de llegar al consumidor?
La respuesta es que sí es posible conservar hidrógeno molecular durante periodos prolongados, pero no en cualquier recipiente ni bajo cualquier condición.
Algunos estudios han demostrado que determinados envases especialmente diseñados —por ejemplo, bolsas o recipientes de aluminio bien sellados y con muy poco aire en su interior— pueden mantener una parte importante del H₂ durante bastante tiempo.
El problema, por tanto, no es que toda agua hidrogenada envasada sea necesariamente falsa.
El problema es otro:
que una etiqueta diga “agua hidrogenada” no nos dice cuánto hidrógeno molecular sigue realmente disuelto cuando la bebida llega a nuestras manos.
Entre la fabricación, el transporte, el almacenamiento y la compra pueden pasar semanas. Y durante todo ese tiempo la concentración puede cambiar dependiendo del material del envase, su cierre, la temperatura y las condiciones de conservación.
Por eso, más que fijarnos únicamente en que una bebida se comercialice como “agua hidrogenada”, deberíamos preguntarnos algo mucho más concreto:
¿cuánto hidrógeno molecular contiene realmente en el momento de beberla?
Y precisamente aquí aparece una de las principales ventajas de los generadores personales: permiten producir el H₂ poco antes del consumo, reduciendo toda esa incertidumbre asociada al almacenamiento prolongado.
La conclusión práctica
El hidrógeno molecular es un gas que puede ir abandonando progresivamente el agua después de generarlo. Por eso, si nuestro objetivo es consumir H₂, no importa únicamente la concentración que alcanza el generador: importa cuánto sigue realmente disuelto cuando bebemos el agua.
Para el uso cotidiano, la lógica es sencilla: generar cerca del momento de consumo y beber el agua relativamente pronto.
Bibliografía
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Analiza cómo influyen la temperatura y materiales como vidrio, polietileno, aluminio o acero inoxidable en la conservación del hidrógeno disuelto.
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La Ley de Henry describe la relación de equilibrio entre la presión parcial de un gas y su presencia en una solución, principio relevante para comprender por qué las condiciones de presión influyen en la cantidad de H₂ que puede permanecer disuelto en el agua.
IUPAC Gold Book
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