El agua que sale del grifo en España está sometida a controles sanitarios y debe cumplir unos requisitos establecidos por ley para poder considerarse apta para el consumo.
Pero ¿significa eso que toda el agua potable tiene la misma calidad? ¿Que no contiene ninguna sustancia además de agua? ¿O que un agua considerada apta es necesariamente un agua pura?
No exactamente.
Cuando hablamos de calidad del agua del grifo conviene diferenciar dos conceptos: por un lado, que un agua cumpla los criterios sanitarios establecidos para poder consumirse y, por otro, las características concretas de esa agua: su mineralización, dureza, contenido en cloro, conductividad, sabor o presencia de diferentes sustancias.
Comprender esta diferencia es el primer paso para saber qué agua estamos bebiendo y qué significa realmente que sea apta para el consumo.
¿Qué significa realmente que un agua sea de buena calidad?
La calidad del agua no se determina únicamente por su aspecto.
Un vaso de agua puede ser transparente, no presentar ningún olor extraño y tener un sabor completamente normal y, aun así, contener minerales, sales y numerosas sustancias disueltas que no podemos detectar a simple vista.
Por eso la calidad del agua se determina mediante controles y análisis.
En España, el Real Decreto 3/2023 establece los criterios técnico-sanitarios que debe cumplir el agua destinada al consumo humano. La normativa exige que el agua sea salubre y limpia y que no contenga microorganismos, parásitos o sustancias en concentraciones que puedan representar un riesgo para la salud.
Pero dentro del concepto de calidad del agua podemos distinguir diferentes aspectos:
Seguridad sanitaria: que el agua cumpla los requisitos establecidos para poder consumirse.
Composición físico-química: qué minerales, sales y otras sustancias contiene y en qué concentración.
Características organolépticas: su sabor, olor y aspecto.
Características técnicas: factores como la dureza, conductividad, turbidez o tendencia a generar incrustaciones.
Esto explica por qué dos aguas pueden estar calificadas oficialmente como aptas para el consumo y, al mismo tiempo, tener composiciones y características muy diferentes.
¿Cómo se mide la calidad del agua potable?
No existe un único valor que permita determinar si un agua es buena o mala.
Para evaluar su calidad se analizan numerosos parámetros que permiten conocer tanto su seguridad microbiológica como su composición química y algunas de sus características físicas.
De forma simplificada, podemos dividirlos en tres grandes grupos.
Parámetros microbiológicos
Uno de los objetivos más importantes del control del agua potable es evitar la presencia de microorganismos que puedan suponer un riesgo sanitario.
Entre los parámetros que se analizan se encuentran, por ejemplo:
- Escherichia coli;
- enterococos intestinales;
- bacterias coliformes;
- otros indicadores microbiológicos según el tipo de control.
Para determinados microorganismos especialmente relevantes, como E. coli y enterococos intestinales, el valor exigido es cero.
Es decir, en este caso no hablamos de una pequeña cantidad permitida: no deben detectarse en el volumen de agua analizado establecido por la normativa.
Parámetros químicos
El agua también puede contener sustancias químicas procedentes del medio natural, de la actividad humana, de las instalaciones por las que circula o incluso de los propios procesos utilizados para su tratamiento y desinfección.
Por eso se controlan, entre otras sustancias:
- nitratos;
- arsénico;
- plomo;
- mercurio;
- níquel;
- pesticidas;
- PFAS;
- trihalometanos;
- determinados compuestos orgánicos.
A diferencia de algunos parámetros microbiológicos, para muchas de estas sustancias la legislación establece valores máximos o valores paramétricos.
Por ejemplo, la normativa establece actualmente un valor paramétrico de 50 mg/L para nitratos, 0,10 µg/L para la suma de 20 PFAS y 100 µg/L para la suma de cuatro trihalometanos.
Y aquí aparece una diferencia fundamental:
que un agua sea apta para el consumo no significa necesariamente que todas estas sustancias estén completamente ausentes. Significa que los parámetros analizados cumplen los valores establecidos.
Parámetros indicadores y características del agua
También existen parámetros que ayudan a describir cómo es el agua y a controlar el correcto funcionamiento del sistema de abastecimiento.
Entre ellos encontramos:
- pH;
- conductividad;
- turbidez;
- sodio;
- sulfatos;
- hierro;
- manganeso;
- cloro residual;
- dureza;
- calcio;
- magnesio.
Por ejemplo, el pH del agua debe situarse generalmente entre 6,5 y 9,5, mientras que la conductividad tiene un valor paramétrico de 2.500 µS/cm a 20 ºC.
Estos valores aportan información sobre las características del agua, pero ninguno de ellos permite determinar por sí solo su calidad global.
Un medidor doméstico de pH, conductividad o TDS, por ejemplo, puede ofrecer información sobre un parámetro concreto, pero no puede decirnos por sí mismo si el agua es apta para el consumo.
¿Y qué ocurre con la dureza y el cloro?
La dureza depende principalmente de la cantidad de calcio y magnesio presente en el agua.
Por eso existen importantes diferencias entre unas zonas y otras. En algunos lugares apenas se forman depósitos minerales, mientras que en otros la cal aparece rápidamente en grifos, mamparas, hervidores y electrodomésticos.
Sin embargo, un agua dura no es necesariamente un agua no potable. La dureza es principalmente una característica de su composición.
Algo parecido sucede con el cloro.
El cloro se utiliza para desinfectar el agua y contribuir a mantener su seguridad microbiológica durante la distribución hasta los hogares.
Su presencia controlada cumple, por tanto, una función concreta, aunque también puede modificar el olor o el sabor que percibimos al beber el agua.
¿Qué significa que haya contaminantes en el agua?
La palabra “contaminante” puede resultar alarmante, pero necesita contexto.
Las técnicas actuales de laboratorio permiten detectar cantidades extremadamente pequeñas de numerosas sustancias.
Por eso, saber simplemente que una sustancia ha sido detectada no es suficiente para determinar si existe un problema.
Para interpretarlo correctamente hay que conocer:
- qué sustancia se ha detectado;
- en qué concentración;
- cuál es el valor establecido para esa sustancia;
- y cuál es la evaluación sanitaria correspondiente.
La normativa no se limita, por tanto, a preguntar si una determinada sustancia está o no está presente.
En muchos casos, la cuestión fundamental es en qué cantidad se encuentra.
Esta es precisamente la razón por la que existen valores paramétricos: permiten establecer las concentraciones que no deben superarse para que el agua siga cumpliendo los criterios sanitarios.
Además, los parámetros que se controlan no son completamente estáticos.
El conocimiento científico evoluciona, aparecen nuevas técnicas de análisis capaces de detectar concentraciones cada vez más pequeñas y determinados contaminantes que hace años apenas se analizaban pasan a incorporarse progresivamente a los programas de vigilancia.
Entonces, ¿qué significa que el agua sea “apta para el consumo”?
Esta es probablemente la distinción más importante de todo el artículo.
Cuando un agua se califica como apta para el consumo, significa que cumple los criterios sanitarios establecidos y que los parámetros analizados se encuentran dentro de los valores definidos por la normativa.
Pero “apta para el consumo” y “agua pura” no son sinónimos.
El agua del grifo de tu ciudad, siempre que esté calificada como apta para el consumo, no debe considerarse peligrosa. Cumple unos criterios sanitarios establecidos precisamente para proteger la salud de la población.
Sin embargo, eso no significa que lo que salga del grifo sea únicamente H₂O.
Como hemos visto, el agua puede contener minerales, sales, cloro utilizado durante la desinfección y pequeñas concentraciones de diferentes sustancias procedentes del medio, del tratamiento o de las instalaciones por las que circula.
Para muchas de ellas, la normativa no exige necesariamente una concentración de cero, sino que establece valores máximos o paramétricos que no deben superarse.
Por eso es importante diferenciar entre potabilidad y pureza.
Que un agua cumpla la normativa significa que se considera segura para beber según los criterios sanitarios establecidos y el conocimiento disponible actualmente.
No significa que todas las sustancias potencialmente presentes hayan desaparecido.
Ni que todas las aguas potables tengan la misma composición.
Ni que dos ciudades cuyos suministros están calificados como aptos para el consumo tengan exactamente la misma agua.
En definitiva:
“Apta para el consumo” significa que cumple unos criterios de seguridad sanitaria. No significa “agua pura”.
¿Cómo saber qué calidad tiene el agua de tu casa?
Una vez entendida esta diferencia, podemos preguntarnos algo mucho más práctico:
¿qué contiene realmente el agua que sale de mi grifo?
En España podemos empezar consultando SINAC, el Sistema de Información Nacional de Agua de Consumo, dependiente del Ministerio de Sanidad.
SINAC recoge información sobre los abastecimientos y la calidad del agua suministrada a la población y permite consultar datos de las diferentes zonas de abastecimiento.
Dependiendo de los análisis disponibles, podemos encontrar información sobre parámetros como:
- pH;
- conductividad;
- cloro residual;
- turbidez;
- aluminio;
- hierro;
- manganeso;
- sodio;
- sulfatos;
- parámetros microbiológicos;
- olor;
- sabor.
También permite consultar la calificación sanitaria del suministro y comprobar si el agua de una determinada zona está considerada apta para el consumo.
Otra opción es consultar los análisis publicados por la empresa suministradora de nuestra ciudad.
Estos datos son especialmente interesantes porque permiten ir más allá de una afirmación genérica como “el agua de mi ciudad es potable” y conocer algunas de sus características concretas.
¿Y si quiero saber exactamente qué sale de mi grifo?
Los datos del abastecimiento nos indican cómo es el agua de la red, pero el agua todavía tiene que recorrer instalaciones, tuberías y elementos del propio edificio antes de llegar hasta nuestro vaso.
Si existe alguna razón concreta para conocer con mayor precisión el agua de una vivienda, puede realizarse un análisis de laboratorio.
También existen medidores domésticos de pH, conductividad, TDS y otros parámetros.
Estos dispositivos pueden proporcionar información orientativa, pero tienen importantes limitaciones: medir uno o varios parámetros en casa no equivale a realizar un análisis completo de la calidad del agua.
Por ejemplo, un medidor TDS puede estimar la cantidad total de sólidos disueltos, pero no puede indicarnos qué sustancias concretas los forman ni determinar por sí mismo si el agua es apta para el consumo.
Agua potable no significa agua pura
El agua del grifo en España está sometida a controles y debe cumplir unos criterios sanitarios para poder considerarse apta para el consumo.
Esto es importante.
Pero también lo es comprender exactamente qué significa esa calificación.
Potable no significa pura.
Un agua apta puede contener minerales, sales, cloro y diferentes sustancias en concentraciones que se encuentran dentro de los valores establecidos.
Por eso dos aguas oficialmente aptas para beber pueden ser muy diferentes en composición, dureza, mineralización, sabor o conductividad.
Conocer estas diferencias nos permite tomar decisiones más informadas sobre el agua que bebemos.
Algunas personas estarán perfectamente satisfechas con las características del agua que reciben en casa.
Otras pueden querer modificar determinados aspectos de esa agua, ya sea por su sabor, su dureza, su mineralización o por otras características de su composición.
Y existen distintas tecnologías capaces de modificar el agua que llega a nuestro hogar.
Pero aquí aparece otra pregunta completamente diferente:
¿qué queremos cambiar exactamente de nuestra agua y qué sistema es adecuado para hacerlo?
Fuentes y referencias oficiales
-
BOE — Real Decreto 3/2023, de 10 de enero, por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y suministro. Es la referencia principal en España para parámetros, controles y criterios de aptitud del agua de consumo.
https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2023-628 -
Ministerio de Sanidad — SINAC, Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo. Permite consultar información de abastecimientos y datos de calidad del agua por municipio/red.
https://sinac.sanidad.gob.es/ -
Unión Europea — Directiva (UE) 2020/2184 sobre la calidad de las aguas destinadas al consumo humano. Es el marco europeo actual sobre calidad y seguridad del agua de consumo.
https://eur-lex.europa.eu/eli/dir/2020/2184/oj -
Organización Mundial de la Salud — Guidelines for Drinking-water Quality. La OMS utiliza un enfoque basado en riesgos desde la captación hasta el consumidor y sus guías sirven como referencia internacional para desarrollar estándares de calidad del agua. La versión más reciente disponible incorpora las adendas primera, segunda y tercera.
https://www.who.int/publications/i/item/9789240121225
